jueves, febrero 5

Hielo/Mary Oliver

Mi padre pasó su último invierno
Fabricando crampones para zapatos

Hechos de cámaras de neumáticos y recortes de hierro.
(Un artefacto que resbala sobre la parte media del pie

Y se sostiene debajo del zapato
Un pedazo de metal áspero que permite caminar

Sin miedo a caerse
Nunca en la nieve o en el hielo.) Mi padre

No debería haber estado
Tan cerca del trabajo

En un taller húmedo, pero a pesar
De que sentía estar viajando al borde de su mente

No se detenía. Mi madre
Los usaba, y mi tía, y mis primos.

Él los envolvía y los enviaba por correo
Una docena de pares para mí, una docena
Para mi hermana, en California.

Más tarde supimos cómo se los regalaba
A los vecinos, un hombre viejo

Apareciendo con las mejillas azules de frío en cada puerta.
Nadie lo rechazó

Porque ese dar era llanamente un pedido,
Una petición a ser bienvenido y útil–

O tal vez, quien sabe, la semilla de un deseo
De que no lo mandaran solo afuera, al hielo negro.

Ahora la casa parece más clara: libros,
Mitad-leídos, puestos de vuelta en los estantes;

Los proyectos sin terminar a un lado.
Esta primavera

Mi madre me escribe: Estoy limpiando el taller
Y encontré

Tantos pares de crampones,
Cajas y valijas atestadas,

Más de los que llegaríamos a usar nunca.
¿Qué hago? Y me veo a mi misma

Sola en esa casa con nada
Más que el oscuro brillo de acantilados de hielo, la sensación

De explosiones distantes,
Una ceguera mientras busco mi saco–

Y contesto: Mamá, por favor
Guardá todo.

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